Curridabat tiene 75 mil habitantes en 16 kilómetros cuadrados. Es una ciudad conurbada con el resto de la gran área metropolitana de Costa Rica. Es una ciudad muy particular porque hace algunos años los ciudadanos decidieron organizarse de tal manera que mantienen una visión muy autónoma del desarrollo.

Y justamente en la ciudad se viene desarrollando un proyecto de planificación del territorio tan novedoso que el año pasado fue ganador en la categoría Acknowledgement del Premio LafargeHolcim 2017 en Latinoamérica y fue exaltado también ese mismo año como práctica inspiradora de la Nueva Agenda Urbana por ONU Habitat.

El plan superpone varias redes de intervenciones. Se rehabilitan los parques existentes y algunos son transformados en nuevos humedales para mitigar los efectos negativos de las inundaciones. Las calles asumen una doble función y actúan también como “biocorredores” que vinculan los parques y bosques particularmente para los polinizadores como las abejas, las mariposas y los colibríes, que aportan grandes beneficios a la biodiversidad.

Ya en el nivel del barrio, se realizan intervenciones para generar puntos de encuentro e instalaciones culturales a través de la planificación participativa y la renovación. En conjunto, los distintos niveles de intervención redefinen la flora, la fauna y a las personas como “ciudadanos” todos de Curridabat.
Uno de los temas que mayor impacto genera sobre el proyecto es la fuerte coordinación entre la municipalidad, los grupos comunitarios, y los planificadores para lograr transformar sueños en realidades. Si bien el proyecto tiene objetivos muy dignos, los analistas también han observado que su enfoque en el diseño de los procesos eclipsa parcialmente el resultado arquitectónico.

La participación de la comunidad y la gestión efectiva, en este caso, deben complementarse con objetivos igualmente ambiciosos en relación con las cualidades espaciales y formales del producto final, creen quienes han evaluado el proyecto. No obstante el mayor valor de este ejercicio es el énfasis en la gestión, o gubermentalismo, tomando prestado un término acuñado por Michel Foucault, y sus implicancias socio-espaciales en cuanto al diseño urbano. Según el alcalde de Curridabat, Edgar Mora Altamirano, pese a que su país tiene un alto valor por la naturaleza, ello no aplica en sus ciudades donde se ha creado una barrera para separar lo urbano de lo natural.

De allí que junto a la comunidad de su ciudad, se dieran a la tarea, entre otras acciones, en recuperar esos corredores naturales por los que deberán volver a volar colibríes, mariposas y abejas, esos polinizadores que para Mora Altamirano y su paisanos, “también son ciudadanos”. “Es una visión de desarrollo de 360 grados que denominamos ‘Ciudad Dulce’. Las políticas públicas se hacen a partir de vivir las experiencias de cualquier ser y estas son las de la fauna y el territorio, no como mapa sino como realidad. Queremos demostrar que no debe existir un antagonismo entre la naturaleza y la ciudad”, recalcó Mora. “Por eso cuando hablamos de “Espacios de Dulzura” lo que visualizamos es que en cada casa haya un jardín colorido, que en cada calle haya un corredor biológico y que cada barrio sea un ecosistema, y eso es totalmente compatible con la vida urbana”, sentenció.